
Ayer fue uno de esos días, en los que parece que todo apunta a que algo va a pasar... y al final pasa...por la mañana no estuvo mal, durante la tarde, vaya, vaya y por la noche llegó el momento esperado: me quemé con aceite de la sartén. Al principio lo lavé bien y nada, no dolía, no picaba, ni una ampolla ni nada.
Cenamos y yo me quedé blogueando un poco, entretenida con esto y con aquello y partiéndome de risa con "El estilo Ikea", lo recomiendo encarecidamente, bueno, pues eso que me lié y me dieron las 2:30 a.m. Contando que me tenía que levantar a las 7:00 a.m., pues ya era tarde...
Me meto a mi camita, me duermo, doy vueltas y, en una de esas, noto un dolor bastante curioso en la manita herida, voy al baño y casi me muero del susto, tooooda la piel levantada del dedo gordo (socorro!, socorro!, se me va a caer!, tranquila que estás hiperventilando....), me tranquilizo, lo limpio, pongo una tirita especial quemaduras, lo vendo y me voy a la cama, vaya nochecita...


